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LA CALIDAD DEL SILENCIO. Litografía , de Manolo fuster
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O incómodo cadáver do mediador familiar recibiunos espatarrado na cadeira do despacho. A vista e o olfacto deron sinais de alarma. Asustados, correron cara á porta que, para a súa desgraza, acababa de pechar por fóra a señorita que os conducira ata alí. Buscaron inutilmente as ventás. O motivo da visita xa era o de menos, só urxía saír.
Unha hora máis tarde, regresou a moza. Sorriu ao velos tan aflixidos e abrazados: ela saloucaba; el non conseguía calmala. Antes de que fuxisen, entregoulles os móbiles requisados e a factura. Despois, desenchufou o ambientador fétido e retocou o boneco putrefacto.
El incómodo cadáver del mediador familiar los recibió repanchingado en el sillón del despacho. La vista y el olfato dieron señales de alarma. Asustados, corrieron hacia la puerta que, para su desgracia, acababa de cerrar con llave la señorita que los había conducido hasta allí. Buscaron inútilmente las ventanas. El motivo de la visita ya era lo de menos, solo urgía salir.
Una hora después, regresó la chica. Sonrió al verlos tan afligidos y abrazados: ella sollozaba; él no conseguía calmarla. Antes de que huyeran, les hizo entrega de los móviles requisados y la factura. Luego, desenchufó el ambientador fétido y retocó el muñeco putrefacto.