A
primeira vez que se viu no espello coas gafas novas, horrorizouse: “¡Que vella,
se parezo a tía Carme!”. Desde entón, evita mirarse en calquera superficie
puída que poida reflectir a súa cara. Pero hoxe, despois de ducharse, co cabelo
mollado e retirado da fronte, sen pensalo, coloca as gafas e queda abraiada: no
vidro, lixeiramente toldado, aparece a faciana da irmá de seu pai, coas
pálpebras caídas, peiteada cara atrás coma toda a vida; aquela que sempre lle
facía lembrar o moito que se asemellaban. Os seus xestos provocan na imaxe
torpes acenos que pretenden imitalos. Intenta, inutilmente, controlar un tremor
repentino da súa man esquerda. Asustada, tira os lentes e comeza a vestirse.
Antes de rematar, soa o móbil: a tía Carme, a que padecía párkinson, acaba de
falecer.
 |
"Mujer en el espejo" (Picasso) |
La primera vez que se vio en el espejo con las gafas
nuevas, se horrorizó: “¡Qué vieja, si parezco la tía Carmen!”. Desde entonces,
evita mirase en cualquier superficie pulida que pueda reflejar su cara. Pero
hoy, después de ducharse, con el cabello mojado y retirado de la frente, sin
pensarlo, se coloca las gafas y queda estupefacta: en el cristal, ligeramente
empañado, aparece el rostro de la hermana de su padre, con sus párpados caídos,
peinada hacia atrás como toda la vida; aquella que siempre le recordaba lo
mucho que se parecían. Sus gestos provocan en la imagen torpes muecas que
pretenden imitarlos. Intenta, inútilmente, controlar un temblor repentino de su
mano izquierda. Asustada, tira las lentes y empieza a vestirse. Antes de
terminar, suena el móvil: la tía Carmen, la que padecía párkinson, acaba de
fallecer.