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| (Imaxe procedente de internet) |
Cartones. Enero. Sigo teniendo frío. ¡Vaya mierda de menopausia!
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(Imaxe procedente de internet)
Lleva una semana sin salir por haber llegado borracha de madrugada. Y ahora le retira el móvil porque envió unas fotos desnuda. ¡Su madre se las pagará! Antes de que le quite el ordenador también, la va a colgar en una página de contactos. Ya se encargará su padre del trabajo sucio.

(Imaxe procedente de internet)
Devecía polos seus ollos, pero non atopou un lapis afiado para picarllos. Contrariado, arrincoulle o cabelo; esfarrapou a súa roupa; conseguiu dislocarlle un brazo… Despois lanzouna ó lixo. Iso si, o neno preguntou primeiro á nai cal era o caldeiro das bonecas rotas.
Se moría por sus ojos, pero no encontró un lápiz afilado para pinchárselos. Contrariado, le arrancó el cabello; hizo trizas su ropa; consiguió dislocarle un brazo… Luego la arrojó a la basura. Eso sí, el niño preguntó primero a la madre cuál era el cubo de las muñecas rotas.
Non podía deixar de chorar. O xuíz suplicáballe que
se calmase, pero era inútil. A fiscal detallara o horror dos feitos; o letrado
da acusación relataba os episodios máis escabrosos do infanticidio. A acusada
confesa seguía salaiando mentres miraba de esguello ó seu avogado, en espera de
que este lle dese a orde de desmaiarse.

(Imaxe procedente de internet)
No podía dejar de llorar. El juez le suplicaba que se calmase, pero era inútil. La fiscal había detallado el horror de los hechos; el letrado de la acusación relataba los episodios más escabrosos del infanticidio. La acusada confesa seguía sollozando mientras miraba de reojo a su abogado, en espera de que este le ordenara desmayarse.
Ó meu esposo, porque sen el todo sería diferente.
Ós meus veciños, por mirar sempre cara ó outro lado.
Ós fillos que nunca tiven, grazas a Deus.
Ós meus pais, porque me fixeron o favor de irse antes para que puidese suicidarme sen remordementos.
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| (Imaxe procedente de internet) |
A mi esposo, porque sin él todo habría sido diferente.
A mis vecinos, por mirar siempre hacia otro lado.
A los hijos que nunca tuve, gracias a Dios.
A mis padres, por haberme hecho el favor de irse antes para que pudiera suicidarme sin remordimientos.
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| Imaxe procedente de internet |
Ó final do andadeiro escuro, destacaba unha porta
iluminada. Non puido evitalo: dirixiuse a ela e traspasouna sen abrila. Alén
non había nada.
Al final del pasillo oscuro, destacaba una puerta
iluminada. No pudo evitarlo: se dirigió a ella y la traspasó sin abrirla. Más
allá no había nada.
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| "Mujer en el balcón" (Rosa Saavedra) |
Aburrida de aburrirse e non ter a quen contarllo, toma unha drástica decisión: converterse en titular dos informativos. Ordena o piso, dúchase, viste o traxe novo e despídese dos peluches lonxevos e do consolador en desuso, os seus mellores amigos. Sae ó balcón. Cerra a porta vidreira cun golpe preciso. Usa enxeño e gran esforzo para empolicarse na varanda. Está a piques de realizar o acto máis importante da súa vida. Treme de emoción. Xusto cando se vai lanzar, lembra que non sacou a roupa da lavadora. Retrocede, pero o peche de seguridade, que tiña a función de evitar o acceso a intrusos desde o exterior, impídelle entrar na casa. Ese contratempo desaléntaa. Empeza a dubidar. Reconsidera o asunto. Mira ó redor. Hai varias plantas ben coidadas, algunha mesmo ten flores. Sempre quixo facerse vegana, aínda que lle faltou valor. Esta é a ocasión perfecta. Alimentarase de follas e pétalos mentres non veñan rescatala; espera que tarden moitos días en descubrila para que a súa imaxe desmellorada cause impresión. Tódolos programas falarán dela. Pensa narrar unha historia inaudita. Escoitarana pasmados. Será feliz por fin.
Aburrida
de aburrirse y no tener a quien contárselo, toma una drástica decisión:
convertirse en titular de los informativos. Ordena el piso, se ducha, viste el
traje nuevo y se despide de los peluches longevos y del consolador en desuso,
sus mejores amigos. Sale al balcón. Cierra la puerta vidriera con un golpe
preciso. Usa ingenio y gran esfuerzo para encaramarse a la barandilla. Está a
punto de realizar el acto más importante en su vida. Tiembla de emoción. Justo
cuando va a lanzarse, recuerda que no ha sacado la ropa de la lavadora.
Retrocede, pero el cierre de seguridad, cuya función era evitar el acceso a
intrusos desde el exterior, le impide entrar en casa. Ese contratiempo la
desalienta. Empieza a dudar. Reconsidera el asunto. Mira alrededor. Hay varias
plantas bien cuidadas, alguna incluso tiene flores. Siempre quiso hacerse
vegana, aunque le faltó valor. Esta es la
ocasión perfecta. Se alimentará de hojas y pétalos mientras no vengan a
rescatarla; espera que tarden muchos días en descubrirla para que su imagen
desmejorada cause impresión. Todos los programas hablarán de ella. Piensa
narrar una historia inaudita. La escucharán boquiabiertos. Será feliz por fin.
Precisaba afastarse do último desastre electoral e do acoso mediático. Aproveitou o tráfico da primeira ponte festiva para camuflarse nun vehículo alugado. Fuxía a ningures perseguindo o amparo do anonimato.
Esta vez, tivo sorte: o accidente foi tan brutal que non houbo maneira de identificalo.
Necesitaba alejarse del último batacazo electoral y el acoso mediático. Aprovechó el tráfico del primer puente festivo para camuflarse en un vehículo alquilado. Huía a ninguna parte persiguiendo el amparo del anonimato.
Esta vez, tuvo suerte: el accidente fue tan brutal que no hubo manera de identificarlo.
Cada vez que se
enciende una luz en su cerebro, las sombras lo atormentan. Por eso ha decidido
apagarse para siempre.
A calor de agosto aliouse coas sufocacións menopáusicas para facerlle a vida imposible. Pasa as noites deambulando pola súa casa en busca do recuncho máis fresco; poucas veces logra durmir antes do albor. A falta de descanso agreoulle tanto o carácter que a veciñanza apenas a saúda.
Pero atopou solución: á hora da sesta, segura de que ninguén se decata, baixa ata a beira do río. Alí, case espida e tombada á sombra, consegue unhas felices horas de sono profundo.
Está satisfeita porque só pasaron catro días e
o veciño da porta xa lle sorrí.
El calor de agosto se alió con los sofocos menopáusicos para hacerle la vida imposible. Pasa las noches deambulando por su casa en busca del rincón más fresco; pocas veces logra dormir antes del alba. La falta de descanso le agrió tanto el carácter que el vecindario apenas la saluda.
Pero ha encontrado solución: a la hora de la siesta, segura de que nadie se entera, baja hasta la orilla del río. Allí, casi desnuda y tumbada a la sombra, consigue unas felices horas de sueño profundo.
Está satisfecha porque
solo han pasado cuatro días y el vecino de al lado ya le sonríe.
Pierde dos puntos de
audiencia. Deberán matar más concursantes.
Non me arrastra a necesidade de coñecer mundos exóticos, a emoción aventureira ou a ansia obsesiva por desconectar da rutina; nin sequera me ilusiona a envexa que lles produza ós veciños. Rotundamente, odio viaxar. Semanas antes, o meu sobrepeso increméntase sen control posible, debido ó estrés que os preparativos ocasionan. Só unha cousa satisfactoria atopo ó ausentarme: volver.
Ata o de agora, funme escapulindo sempre que
puiden: os nenos pequenos, o marido enfermo, a estreiteza económica… Pero desde
que vivo soa e as ofertas do Inserso son tentadoras, non consigo zafarme do
acoso social e familiar, tanto que me vin obrigada a engraxar as neuronas para
idear un plan.
No faiado, teño sempre disposta unha maleta
chea de farrapos. Dous ou tres veces ó ano, navego por internet (os cursos de
informática deron os seus froitos) e adquiro todo o necesario: información
turística, fotografías e souvenirs. Deseguido comunico ós fillos que
marcho, pero péchome na casa. Días despois, avísoos para que me vaian recoller a calquera estación ou
aeroporto, onde, previamente, cheguei en taxi desde o meu domicilio, sempre de
noite. Reparto tantos bicos como agasallos e… ata a próxima.
Hasta ahora, me fui escabullendo siempre que
pude: los niños pequeños, el marido enfermo, la estrechez económica… Pero desde
que vivo sola y las ofertas del Imserso son tentadoras, no consigo zafarme del
acoso social y familiar, tanto que me he visto obligada a engrasar las neuronas
para idear un plan.
En el trastero, tengo siempre dispuesta una
maleta llena de harapos. Dos o tres veces al año, navego por internet (los
cursillos de informática dieron sus frutos) y adquiero todo lo necesario:
información turística, fotografías y souvenirs. Luego comunico a los
hijos que marcho, pero me encierro en casa a cal y canto. Días después, los
aviso para que vayan a recogerme a cualquier estación o aeropuerto, a
donde, previamente, he llegado en taxi desde mi domicilio, siempre de noche.
Reparto tantos besos como regalos y… hasta la próxima.
El guiso huele bien, pero la niña está entretenida buscando a su gatito y no quiere comer. La madre insiste: no puede irse a la cama muerta de frío y con el estómago vacío. El minino sigue sin aparecer.
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| (Imaxe procedente de internet) |
Esperábamos un niño y fue recibida en azul. El presupuesto familiar no daba para improvisar una canastilla rosa y tuvo que empezar a vivir entre ropas y paredes celestes. La presentamos a la familia como Mario. Hasta bien entrado el invierno, no la sacamos a pasear en su carrito para poder taparla totalmente, evitando así que algún espabilado descubriera la trampa. Al llegar a casa y liberarla del envoltorio, comprobamos que su carita compartía color con la manta protectora. No le dimos importancia: la tela, sin lavar previamente, habría desteñido. Eso sí, nos extraña que, habiendo pasado ya varios días, siga sin respirar...
─Que sexa o que teña que ser.
─Que sea lo que tenga que ser.
Os
sobreviventes resisten amoreados no único soto do barrio esquecido polas
bombas. Cando as sirenas e os mísiles se cansan de berrar, saen durante o menor
tempo posible á busca de víveres, que non sempre conseguen. Os nenos aproveitan
para xogar fóra; gaña o que atopa algo interesante que non sexa un cascote. En caso de dúbida, consultan ós
adultos. Esta vez non hai debate, Kateryna é a gañadora. Chora porque non lle
deixan baixar ó refuxio o seu tesouro: un pé medio descalzo, cunha zapatilla da
mesma marca cás dela. Súa nai salaia.
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| (Imaxe procedente de internet) |
Los supervivientes resisten hacinados en el único sótano del barrio olvidado por las bombas. Cuando las sirenas y los misiles se cansan de chillar, salen durante el menor tiempo posible en busca de víveres, que no siempre consiguen. Los niños aprovechan para jugar fuera; gana el que encuentra algo interesante que no sea un cascote. En caso de duda, consultan a los adultos. Esta vez no hay debate, Kateryna es la ganadora. Llora porque no le dejan bajar al refugio su tesoro: un pie medio descalzo, con una zapatilla de la misma marca que las suyas. Su madre solloza.